ii.

C.C. Klabinsky estuvo en un concierto de Marc Ribot. Llegó horas antes al lugar, pues estaba muy desocupado. Ahora es un hombre que para los ojos del prójimo cabe en la palabra de desempleado. O improductivo. Debe estar alegre así. Antes había rodeado el centro de la ciudad, dando vueltas y buscando lo que no se la ha perdido. Después de fracasar en la perseguidora que le montó a una hermosa muchacha caminó hacia donde debía caminar. Fue a una conferencia sobre la guitarra eléctrica. Después bajo las escaleras en espiral, entró al baño, orinó, se lavó las manos, caminó, entró a la sala del auditorio, espero que abrieran las puertas del auditorio, entró al auditorio, se sentó, se acomodó, esperó, escuchó a los demás acomodarse, escuchó a los demás hablar, observó lo que podía observar, buscó algún rostro para compartir al final, no encontró ningún rostro. C.C. Klabinsky observó el techo del auditorio y se sorprendió por su hermosa arquitectura: en el centro un gran círculo, un círculo color negro. La circunferencia se forma por un efecto que hacen unos impresionantes arreglos de madera que terminan en una zona imaginaria de tal forma que se crea el círculo, C.C. Klabinsky no pudo contar la cantidad de arreglos de madera pero sabe que no son más de cuarenta y dos. Se quedó embobado mirando el techo. Además había un efecto de profundidad pues los arreglos empezaban desde una distancia más cercana al piso y terminaban más alejados. Donde terminaban formaban el círculo. Como C.C. Klabinsky estaba bien ubicado pudo tener el centro del techo casi perpendicular al piso, por lo tanto, el negro del círculo se expandía entre el espacio libre que había entre cada arreglo de madera. Parece que esta distancia se hacía cada vez más grande hasta que terminaba la decoración. La tenue luz del lugar ayudó a discernir más la ensoñación.

Después de la espera fue anunciado el inicio. Todo se trató de silenciar a la espera del jugador de guitarra. Se abrió la puerta y entró el hombre del pelo blanco, llevaba una guitarra acústica en una de sus manos y en las otras una reunión de hojas que eran las partituras o las anotaciones de lo que tocaría esa noche. Lo que sigue a eso se escucha en la siguiente grabación, cortesía, como no, de nuestro gran camarada Klabinsky que se encuentra en este momento en su natal Poldavia.

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ii.

Entre los registros de cartas enviadas encuentra algo datado del 29 de Octubre de hace un par de años, cuando aún estaba en el paraíso. Una carta en la que contaba a sus padres sobre los más altos triunfos obtenidos y desembrollaba todo un plan para iniciar una empresa colosal. Mucho después ha de enterarse que todo ese perfecto orden era mentira. Los triunfos se desdibujaron, los planes fracasaron, el amor se fue -si es que alguna vez estuvo-, la cabeza se fue  -o realmente mostró lo que es- y el  cuerpo cayó en un estado degenerativo. “Júbilo” era la palabra que utilizaba en la carta. No queda ni la sombra. Tullido y enfermo. Enfermo del alma, enfermo de la vida, enfermo por la vida. Caminando sin deseo, sin sabor, sin camino. Sin ganas.

“Yo no sabía que el azul mañana 

es vago espectro del brumoso ayer”.

Y ahora, ¿Qué sigue?

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