v.

Mi abuela fue quién enlocó a mi tío, eso fue porque nunca lo dejó tener mujer. Él trabajó y estaba empezando a organizarse, pero siempre que mi abuela lo veía con alguna mujer lo zarandeaba hasta que las aburría. Antes de eso el estuvo de empaquetador en la fábrica Almendra Tropical, eso todavía está. Él era bien, vestía de blanco todo, hasta los zapatos y era bigotudo. Esa era la época en que se le hacía caso a los abuelos, ella le decía que todavía no estaba en edad para esas cosas. Cuando le pagaban el entregaba su sueldo a la abuela, a la casa. Con la primera cosa rara que salió fue que iba a sacar de una radio RCA Victor, de esas antiguas y largas, dos mismas. Y empezó a desarmarla. Esa fue la primera vaina rara. Después dijo que de la radio RCA Victor iba a sacar cinco radios iguales. Para ese entonces ya había perdido el trabajo, ¿quién sabe con qué habrá salido allá?. Aparte de eso se volvió agresivo, a mi me quería matar, nunca me quiso. Me decía que yo era “el aparecido”. ¿Y usted qué edad tenía papá? preguntó Armando hijo. Yo tenía ocho años. Se torno tan grave la cosa que tenía que dormir entre mi abuelo y mi abuela para que durante la noche el no me cogiera desprevenido. Esas noches él se la pasaba dando vueltas en la casa buscándome. Se puso tan cruda la vaina que le hicieron un cuarto en la casa sólo para él, eso parecía era un calabozo. Una vez empezó a rasgar las tejas porque quería volarse, lo tuvieron que amarrar. Así estuvo hasta que llamaron a un señor que hacía rezos y curaciones, era de la alta Guajira. Él fue a la casa a verlo y dijo que lo que tenia, era de naturaleza, que no le habían hecho nada. Pero que también tenía otra cosa, que tenía muchas lombrices adentro. El señor ese dejó un remedio para que lo limpiaran y al poco tiempo que le dieron eso el comenzó a botar paladas de lombrices, era ver a mis primas recogiendo por toda la casa paladas de lombrices. Eso sí, el guajiro advirtió: o se recupera o se muere. A los pocos días dejó de botar lombrices y se quedó quietico, no se movía ni decía nada. Como a los quince días que dejó de botar lombrices, cuando lo estaban bañando, se murió. Sus ojos estaban cerrados, el sol de Barranquilla lo mojaba mientras era llevado por el agua del lavado y no sé cuál mujer de la casa le limpiaba los parpados mientras que otra lo sostenía. El nunca los abrió más. Estaba muy blanco pero no sé porque se me pareció como a un ángel mientras que ya dormido, mojado y alumbrado por el sol de Barranquilla se murió. Estaba muy bonito, se veía muy bonito justo cuando se murió. Eso fue algunos meses antes que mi abuelo se muriera. Mi abuelo era el único que me quería, él era mi único apoyo. Mi tío se llamaba Carlos, así. Carlos Figueroa Cabrera. Él murió en los primeros meses de 1948, el año que mataron a Gaitán. Yo creo que fue en abril o en mayo del 48. Mi abuelo murió el 31 de diciembre del año 48. Pasamos la fiesta de fin de año velándolo. En esa época qué funeraria había, todo era en la casa. Y sonaban los equipos, la música y la fiesta. Una vecina fue a la casa y le dijo a mi abuela que le daba mucha pena y que sentía mucho la muerte de mi abuelo pero que ella iba a poner su música. Mi abuela no le reprochó y le dijo que claro, que todo continuaba y que mi abuelo no le iba dañar la fiesta a nadie. Pero claro que fue gente a ver a mi abuelo, fueron varias personas. Mi abuelo murió el 31 de diciembre de 1948, mi tío murió ese mismo año y estaba loco, mi tío me quería matar. Mi abuelo era el único que me quería y  desde el día que murió  la cosa cambió mucho en mi casa.

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