vi.

Hoy en la mañana volví a sorprenderme de la fuerza brutal colombiana. Hay un espíritu de vida tan loco y descontrolado que parece desbordar cualquier juicio. Y es que hoy en la mañana me encontré con una escena absolutamente inesperada. No eran más de las seis de la mañana, yo estaba manejando a una cuadra de mi casa y justo cuando paré a la señal pasó un carro gris, un Chevrolet Spark iba a velocidad media volteando hacia el norte del pueblo rumbo a quién sabe donde. En ese momento la vi. Una muchacha iba con medio cuerpo afuera. Sentada en la puerta del copiloto, como si de un caballo se tratara, llevaba una pierna dentro y otra afuera del auto, su cabeza afuera mirando el camino, un brazo apoyaba su cuerpo para no caer. La mujer tenía el pelo largo y suelto. No pude ver su rostro, sólo la vi, o sólo la recuerdo de espalda, su piel era morena, pero no ese moreno oscuro, ni si quiera canela, era un moreno muy leve, un moreno trajinado, un moreno de encierro, un moreno singular, el moreno mojado por la primera luz. Como digo, iba sentada en la puerta como si de un caballo se tratara. Su pelo largo y liso no me dejaba avisar sus pechos. Parecía estar desnuda. Estaba desnuda. Usaba una pantaloneta corta color rosado. Y ahora no recuerdo mucho si llevaba zapatos, probablemente no. Tal vez por sus piernas era una mujer de estatura media. Todo muy mediano. Iba yo manejando y veía a esta mujer y me tocaba los ojos porque pensaba que todavía estaba dormido. Sólo había dormido unas cuatro horas y me había costado levantarme. Pero no, parece que fue real, era muy real. Sin embargo no me atrevo a decir mucho sobre las causas que llevaron a que esa muchacha terminara en mi pueblo pasando por el mercado municipal El Azulejo a las seis de la mañana montando la puerta de un auto gris. No era un secuestro ni estaban prófugos. El automóvil iba a una velocidad normal, incluso frenó ante las maniobras de parqueo hechas por un camión. Además, la mujer siempre miraba al frente, parecía no preocuparle su curiosa posición. Miraba al frente como quien sabe a dónde va, como el que se sabe el camino de memoria. Tal vez fue sólo una mujer que pasó la noche con un hombre, ahora parecía que el sol despedía la noche y ellos debían terminar, así que ella le dijo simplemente que dieran una vuelta por ahí y que quería ir sentada en la puerta mostrando los pechos. O no. O sí. Yo no sé. No entiendo. Y como no lo entiendo lo voy a tomar como un hecho milagroso. La vida loca de Colombia que todos los días está llena de milagros y de hechos absurdamente magníficos. O no.

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