xxvi.

Pqueña colección: fotos de ventanas i.

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xxv.

Hoy hay muchas muchachas felices, pero ayer también y mañana seguro. Salgo de la biblioteca y las veo caminar, están por todas partes, son una plaga y ningúna cerca. Las veo entrar a la universidad en bicicleta buscando edificios a los que nunca han entrado, veo a las muchachas felices buscando edificios, con sus audífonos también van las muchachas felices y decoradas, veo a las muchachas con sus gafas vintage tratando de ser alternativas, veo a las muchachas alemanas caminando en dirección contraria mientras hablan en un idioma que no entiendo pero me gustaría entender, me gustaría saber qué dicen, pero debe ser algo gracioso pues el gesto es universal, la broma y la pena que se esconde en su rostro, la forma de forzar sus pómulos, arrugar su frente, enrrojecerse y su mirada complice. La alemana en Bogotá que pasó, de la que me enamoré hoy y tal vez mañana olvide, no debería escribir de ella para no recordar más. Y sigo caminando, caminando hacia la salida, hacia el cuarto del parque Humboldt y sigo encontrando muchachas felices, muchachas bellas, gente bella, gente divertida y sonriénte, veo a una muchacha extranjera, dejo de caminar, me devuelvo, ella está buscando alguna información en el edificio de lenguas extranjeras, yo la busco, ella mira los anuncios, miro también los anuncios, hay otros dos, se van, ella no encuentra lo que quiere, está muy interesada, no es más alta que yo pero casi, es como todas las extranjeras que veo por acá: hermosa. Pelo color sol, gafas negras, bluyin, saco y zapatos deportivos nike. Busca yo no sé qué. Entra al edificio, por las ventanas la persigo, está en la entrada y sigue escudriñando, se sumergue en el edificio y me canso. Como sucedió en Ciudad de México cuando vi a la Ucraniana, no hablé, no hice nada, me hice al lado, espere pero no abrí la boca, nunca la abro, no puedo abrir la boca. Me voy a casa y trato de pensar en otras cosas, pensando en el sacrificio que estoy haciendo por las matemáticas, yo sé que hay un universo un poco más allá las muchachas felices, un universo ideal y exótico, hermoso. No es un sacrificio, es un privilegio, aunque realmente no parece. Prometo no escribir pero mientras camino las palabras se desbordan de la mente y prometo llegar  a seguir estudiando, pero no. Acá estoy, escribiendo para calmar la mente. Vomitar palabras para continuar más liguerito. Quiero esas muchachas felices y hermosas, quiero tan sólo una. Como la representante de bellas artes que hoy habló sobre sus ruinas, yo quiero estar con ella, desnudarme en todos los edificios con ella, recorrer sus grietas. O la muchacha que tomaba café en Nicanor. Todas las personas que están allá se ven tan bonitas, tan tranquilas y tan aplicadas. Allá no me dejarían entrar con Wilson Rafael. Las muchachas felices y hermosas. Siempre que entra el desespero por tener un cuerpo, por lamer la piel, lamer el sexo y descarriar la vida pienso que la felicidad y la belleza que veo es falsa. Todas las sensaciones y percepciones inmediatas son mentira en estado inmaculado. Lo que los sentidos toman es vago, cambiante, alejado, inconcreto y dócil. Todo cambia, mundo elástico y blando. Diversión. Toda esa belleza y felicidad que enloquece y detiene es tan pasajera y efímera. ¿Cuánto tiempo más pasará para que la banalidad termine? La verdadera belleza debe ser inmutable, o sólo puede cambiar en otra belleza. No amar, no sentir, no desear, no querer, no extrañar, no recordar. Calma, calma. Buscar puentes, conexiones. No los extremos, no lo antagónico. Pero dónde. La verdadera belleza ni siquiera está en la poesía y sólo la matemática llevará a la iluminación. Es un camino largo y difícil, un camino silencioso y escondido: correr, vendado de los ojos, de las piernas y de las manos. A veces tanta soledad pesa, pero es un privilegio. Estar solo es un privilegio supremo. Tan contento como que la puerta sonara y estuviera ella sonriendo, con sus manos quitando las vendas del cuerpo para después unificar las manos y dejar de escribir.

screenshot_20160905-195641screenshot_20160905-195513

 

mariposas en francés es papillons. papillons, papillons, papillons. trois papillons. trois comme couleurs. en tant que le film. Je ne pourrai jamais voir le film. pour toi.

 

xxiii.

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En la madrugada de ayer leí un artículo sobre Grothendieck: 12 horas diarias, 7 días a la semana, 12 meses, durante 20 años.

Me gustaría pensar que es un mito, pero es una buena referencia. Todavía no puedo entender sus aportes, pero sí atisbar su temperamento.

El ejemplo, eso es lo que se trata de entender y lo que enseña.