xxxiii.

I.

Felisberto llega al pueblo después de 12 años a enterrar, habla con Mariela sobre qué fue lo que pasó.

1.

Vía Bucaramanga-Barrancabermeja, después del peaje, vía sola, muy temprano o muy tarde (mejor muy temprano). El cielo es psicodélico: naranja-morado-blanco. Animales, árboles y Felisberto va en un sedán algo desprolijo rumbo a su pueblo, suena Noel Petro, el rostro de Felisberto habla.

2.

(desde la funeraria, la cámara está en el techo mirando el ataúd cerrado, de alguna manera baja del techo y se va por todo la sala mientras la gente pasa: celadores, lloradores, dolientes, curiosos y sale a la calle, en ese momento Felisberto está caminando hacia La Scala y la cámara sin detenerse lo sigue)

(otra opción es enfocar el anuncio del muerto y continuar con Felisberto rumbo a La Scala)

3.

(Felisberto entra a La Scala, hace 12 años que no ve a Marina, su mujer. Marina estuvo con Alirio durante la ausencia, ella está extrañamente feliz, dichosa, es una felicidad enfermiza pues se acaba de morir un hijo. Entra y se sienta en la mesa donde está ella (sola))

FELISBERTO

¿Ahora sí me va a contar?

MARIELA

Salude carabrava

FELISBERTO

Hola Mariela

MARIELA

¿Cómo le ha ido don Felisberto?

FELISBERTO

Quiero saber de X. ¿Qué fue lo que pasó?

MARIELA

Pues que se nos fue, se nos fue y ni más.

FELISBERTO

Eso está cerrado y con candado. Cuénteme Mariela, necesito saber todo.

MARIELA

La verdad es que yo no me acerque a ver el cuerpito. Alirio fue el que lo reconoció, él me dijo que sí era, yo le creo Alirio. Alirio ha sido muy bueno conmigo durante todo este tiempo. Yo no fui porque a mi sí que daba miedo ver eso todo desordenado, todo desarmado.

FELISBERTO

¿Cuándo pasó?

MARIELA

La última vez que nos vimos fue el 12 de diciembre.

FELISBERTO

¿Qué pasó ese día?

MARIELA

Ese día fue normal, salvo por la alaraca que se armó por lo de navidad, lo mismo que todos los años. X salió a trabajar como todos los días. A eso del medio día me llamó y me dijo que no iba a almorzar, que le guardara la comida. Yo ese día había hecho mondongo porque yo sé cómo le gustaba eso a X. Repetía y todo. Luego no llegó en la noche y no constestaba al teléfono. A eso de las diez llegó Alirio porque estaba desesperada. Empezamos a buscar en la madrugada.

Dejé de hacer tantas preguntas. Mejor dígame quién le avisó. Yo pensaba que usted ya estaba muerto, pero mire, parece que el tiempo no le hace nada, sigue igual de caricontento  ¿Dónde se metió durante doce años?

(…)

No se haga el bobo Felisberto

FELISBERTO

Cuénteme más

MARIELA

A los siete días, por allá en el monte, vía a La Perseverancia fue que encontraron a X en una bolsa. Después nos llamaron. Alirio se encargó de todo.

FELISBERTO

¿Dónde anda Alirio?

MARIELA

Está en la casa, ese hombre ha estado día y noche haciendo todas las vueltas. Es que morirse si es mucho papel, vuelta para allá, saque comprobante, que una cosa, que la otra. Y más esta muerte tan siniestra.

Pero su hermano no demora en llegar.

 

 

 

II.

Felisberto en el Muelle, nostalgia por X, se culpa por su primo. Por la historia de Carlos.

III.

Plagio del pueblo.

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xxxii.

Siria

Decían en la Antigüedad que la poesía
es una escalera a Dios. Tal vez no lo sea
cuando me lees ahora. Pero lo supe el día
que por ti volví a encontrar mi voz, disuelto
en un rebaño de nubes y de cabras
revoltosas, que desde un risco acababan con las hojas
del ciruelo y la anea, y los rostros enflaquecidos
de la luna y del sol se fundían;
el motor estaba averiado y una flecha
de sangre sobre una roca señalaba
el camino de Alepo.

Eugenio Montale

xxxi.

Durante los últimos días de marzo, Valerio Tullerino dejó su casa para jamás nunca volver. Desde temprano él soñaba con el desierto, su espíritu beduino lo obligó a mover los pies y dejar la casa. El sándalo, la humareda aromática y el alma de Damasco retumbaba en el cuerpo de Valerio. Cansado del intento por ser astrónomo y cansado de ejercer honradamene el arte del paralogismo Valerio dejó todo para no ahogarse. En un mundo cada vez más débil y más raro donde la fortuna era ajena desde los días hexagonales, su escritura se había reducido al nasib eterno de la mujer lunar que se refugiaba en el sur la cual no dejaba nunca evidencia del desmán. La pica, el broquel y la nube lo acompañaron al salir de la casa. Lamentó no volver a ver la hornacina que estaba en la esquina del parque Lobachevsky abajo de la cúpula del pabellón y antes de dejar de oler el pan de las seis y de oír la carrocería de la calle Tomasa miró la hornacina de oro por última vez y se preguntó por qué nadie se la había robado. Valerio no avisó. En su casa nadie preguntó por su ausencia ni fueron en su búsqueda. Desde los últimos días de marzo todos acomodaron la casa ocupante: removieron el catre del sótano, regalaron la ropa en la iglesia, ensuciaron el baño anteriormente impoluto, regaron las canicas en el parque Lobachevsky gloria de la infancia, entregaron sus libros a cuanto visitante llegaba, escondieron el retrato que le había hecho a su abuelo el día que ganó la medalla al servicio y volvieron a bajar la letrina después de una sola orinada. Nadie preguntó por Valerio, ni Ramiro Villahuesos que lo había conocido desde párvulos ni Maria Clara Cafer, experta en espionaje y productos anexos. A veces, un hombre se va caminando cada vez más lejos de su centro y su dirección es tan firme que el mundo lo olvida por completo. Hemos llegado a los días en que la timidez, el silencio, la espera, la mirada firme y el enganche ingenuo quedó sin lenguaje. Tan tenue es nuestra voz ahora que no puedo ver lo que sigue.

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